El asana como espejo

Un asana es como un espejo. Cada una de ellas te revela algo que una mirada superficial jamás podría percibir. Un asana te libera cuando abres el pecho, abriendo tu corazón a infinitas posibilidades. Un asana te da fuerza y resiliencia cuando te tiemblan los brazos y mantienes esas cinco respiraciones que, en ese momento, […]

Un asana es como un espejo.

Cada una de ellas te revela algo que una mirada superficial jamás podría percibir.

Un asana te libera cuando abres el pecho, abriendo tu corazón a infinitas posibilidades.

Un asana te da fuerza y resiliencia cuando te tiemblan los brazos y mantienes esas cinco respiraciones que, en ese momento, parecen no terminar nunca.

Un asana puede concederte descanso cuando te abrazas a ti mismo, cuando exhalas profundamente por la boca, cuando te entregas a Savasana.

Un asana cultiva la disciplina, la capacidad de reconstruirte poco a poco.

Un asana te permite adaptarte a tu cuerpo, pero no a tu mente ni a los límites que esta impone.

Un asana te ayuda a vencer tus mayores miedos enfrentándolos, mirándolos directamente a los ojos y atravesándolos.

Un asana es la salvación del alma, la preservación del amor, la posibilidad de perdonar y la capacidad de seguir adelante sin olvidar el pasado.

¿Qué sucede cuando lloramos durante una clase de yoga? El yoga trabaja a nivel psicosomático, lo que significa que va mucho más allá del simple ejercicio físico. Cuando aplicamos la respiración consciente, reducimos la frecuencia cardíaca y expandimos el diafragma, el músculo más importante para calmar el sistema nervioso cuando está activado. Los ataques de pánico suelen surgir cuando los pensamientos alteran la respiración, generando la sensación de falta de aire. Cuando sientas ese nudo en la garganta, comienza a respirar profundamente y vuelve a tomar conciencia de lo que está ocurriendo, como si fueras un observador externo. Estas observaciones provienen tanto de la experiencia personal como de conocimientos respaldados por la investigación científica.

Por eso los asanas son un espejo: el cuerpo contiene emociones mientras que el yoga las libera. Y a veces lo que encontramos no es agradable ni fácil de aceptar. Sin embargo, para sanar, este es el primer paso indispensable: detenerse y mirar hacia dentro. El yoga te pone a prueba profundamente; solo están tú y tu cuerpo. Sin pesos adicionales, sin entrenamientos que consuman toda tu energía. El yoga es para los valientes. El yoga te enseña a sostener tu cuerpo, aprendiendo así a sostenerte a ti mismo/a.

Yo pasé mis primeros dos años llorando en casi cada clase durante Savasana, la postura final. Durante la práctica movemos el cuerpo, el agua que contiene y, en consecuencia, todo aquello que retiene. En Savasana, el cuerpo y la mente encuentran un espacio de descanso, y es allí donde, al sentirse seguros, se abandonan por completo y bajan la guardia. Pasan de un estado de alerta, que puede haber estado presente durante años o incluso toda una vida, a un estado de calma y seguridad.

Y cuando nos sentimos seguros, finalmente podemos ser nosotros mismos, despojados de todas las máscaras que hemos construido con el tiempo para sobrevivir a situaciones difíciles que ya han quedado atrás. La clave está precisamente en comprender que el mundo puede seguir decepcionándote, pero tú puedes elegir tener la fuerza para levantarte una y otra vez sin dejar de amar.

Con amor,

Silvana

Silvana Berti