Mi primera clase de yoga 

Yogaś citta-vṛtti-nirodhaḥ El yoga es el cese de las fluctuaciones mentales. Yoga Sutra I.2 Intentaré describir este verso de Patanjali con mis propias palabras, que resumen brevemente mi historia y mi camino hasta el día de hoy. Comencé a practicar yoga en noviembre de 2019, después de varias experiencias difíciles que marcaron mi vida. Sin […]

Yogaś citta-vṛtti-nirodhaḥ

El yoga es el cese de las fluctuaciones mentales.

Yoga Sutra I.2

Intentaré describir este verso de Patanjali con mis propias palabras, que resumen brevemente mi historia y mi camino hasta el día de hoy.

Comencé a practicar yoga en noviembre de 2019, después de varias experiencias difíciles que marcaron mi vida. Sin embargo, no son esas experiencias las que me definen hoy, sino más bien la razón por la que ahora me encuentro en un momento de vida completamente diferente al de entonces.

Todavía recuerdo el momento en que pensé que el yoga podría ayudarme a gestionar los ataques de pánico y todo lo que conllevaban. Ese pensamiento se confirmó literalmente durante mi primera clase de yoga.

Durante una hora entera, mi mente estuvo concentrada únicamente en entender dónde colocar las manos y los pies, qué movimientos realizar y cuándo inhalar y exhalar. Uno se siente confundido y, al mismo tiempo, alcanza un nivel de concentración tan profundo que todo lo demás desaparece.

Mientras volvía a casa después de aquellos movimientos extraños y poco habituales, me di cuenta de algo extraordinario: no había pensamientos. Quienes han experimentado los pensamientos obsesivos, esos que te desgarran el estómago y te consumen lentamente, saben perfectamente de qué hablo. Durante esa hora, simplemente habían desaparecido. Savasana (la postura final de relajación, conocida como «la postura del cadáver») se convirtió en una forma de cuidarme: permitir que mi cuerpo se fundiera con la tierra y dejar que los pensamientos fluyeran hasta desvanecerse, aunque solo fuera por unos minutos.

En ese momento sentí el impulso de volver una segunda, una tercera, una cuarta e infinitas veces para volver a experimentar esa sensación de bienestar. Poco a poco, el yoga se convirtió en una cita conmigo misma.

Al principio, esa sensación era pasajera. Llevar el yoga a la vida cotidiana es, quizá, el mayor desafío y un aprendizaje para toda la vida; es el siguiente paso después de años de práctica. Y precisamente por eso sigo practicando: para vivir con más serenidad, para ser yo misma y para reencontrarme cuando me siento perdida.

Porque la vida es un ciclo en el que nada es completamente lineal y necesitamos construir una base firme sobre la que volver a apoyarnos. Ese lugar seguro puede construirse y, finalmente, encontrarse dentro de cada uno de nosotros.

Para mí, ese es el verdadero sentido del yoga: la capacidad de poner en pausa nuestros pensamientos y regresar a nuestro estado natural de calma y alegría.

Mi invitación es sencilla: prueba tu primera clase de yoga o vuelve a ese encuentro contigo mismo/a. Puede que necesites el yoga mucho más de lo que imaginas.

Con amor,

Silvana

Silvana Berti